Restauradores de santos curan y embellecen a clientes de carne y hueso

17 de septiembre de 2014 04:55 PM

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Restauradores de santos curan y embellecen a clientes de carne y hueso

¿Qué tienen en común un estropeado Cristo de yeso y un hombre con una herida en la nariz? En Quito, al menos, ambos son "reparados" en el mismo local, donde los restauradores de íconos religiosos emplean sus técnicas y secretos para "curar" o maquillar a personas.

Antonio Puruncajas, un chófer de 52 años, recibió un fuerte golpe en la nariz durante un asalto. Aún con la herida sin cicatrizar, se sienta en un banco de madera para que Miriam Trujillo la cubra con una mezcla que, promete, borrará la marca. Solo que Trujillo no es médica ni cosmetóloga. Su oficio es el de restaurar las figuras religiosas en mal estado que le llevan los fieles católicos.

Los restauradores de santos, que durante décadas han arreglado vírgenes y Cristos en una calle estrecha del centro colonial de Quito, ciudad mayoritariamente católica, donde se erigen decenas de templos, aplican las mismas técnicas para curar y tapar heridas menores. El procedimiento incluye pinturas acrílicas, colorantes de origen vegetal y un "ingrediente secreto" al que le atribuyen poderes de sanación. Menos frecuentes, entre sus clientes también hay mujeres o funcionarios que prefieren ser maquillados en estos talleres con espejos antes que en un salón de belleza.

Después de 40 minutos, Puruncajas se levanta del banco. Su cicatriz es menos visible que antes. Sin reparar demasiado en el resultado, paga siete dólares y pide el "maquillaje milagroso". "Se lo pone (en la nariz) y conforme pasen los días le va restaurando la piel", le asegura Trujillo.

Sin embargo, muchos de sus clientes buscan disimular o curar raspaduras y rasguños antes que reparar un santo. Fuera de su local, se lee en un letrero: "Se retocan heridas", pero según este ecuatoriano, la mayoría viene por recomendación de personas satisfechas con su servicio.

No obstante, el "preparado" que aplican estos artesanos sobre la piel puede tener consecuencias, según algunos expertos. "Son químicos que pueden provocar muchos inconvenientes para la salud. Algunos trabajadores que han tenido contacto permanente con la pintura desarrollan problemas en la piel e incluso en los pulmones, porque la piel absorbe todo", dijo a la AFP Francisco Yandún, un dermatólogo con 15 años de experiencia.

Los restauradores de santos no recuerdan haber recibido reclamaciones por su otro trabajo y eluden las preguntas sobre los controles y permisos sanitarios.

Fuente: radiohrn.hn

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